Esto es un espanto!!! Se me pasa el tiempo volando y sigo sin terminar mis objetivos de medio año, ¡Ay, madre!
Os cuento que nos hemos mudado de casa. Lo hemos hecho nosotros solos, con nuestras manitas, y casi no lo contamos de puro agotamiento. No sé cuantos viajes se ha hecho mi santo esposo, cuántas cajas habré hecho y deshecho y cuantas partículas de polvo habré quitado en estos últimos 15 días, lo que si os puedo decir es que cada vez que veo por la carretera un amasijo de ropa, un zapato... desacelero, y me fijo bien, porque estoy convencida de que algo nuestro aparecerá algún día en una cuneta.
Aún no he echado de menos ninguna prenda, pero tengo la sospecha de que algo he perdido, porque en alguno de los viajes vi una caja abierta y el vestido de mi pedida de mano llegaba como de resaca, creo que había hecho de bandera y estaba todo mustio sobre el camión descapotado que nos dejaron, se agarraba por los pelos de una esquinita de la caja de PVC que lo contenía hasta que la tapa de la misma decidió salir volando.
Ya casi estamos terminando de instalarnos y casi todas las cajas y muebles están en su sitio, más o menos limpios y ordenados ( habrá que dar otra vuelta a los ácaros cuando termine el verano o las vacaciones , al menos). Sólo quedan cajas de mi querida y preadolescente hija que se niega a tirar cosas y no hay quien le haga entrar en razón. Lo que no sabe es que yo tuve una escuela muy dura y cualquier día hago como mis mayores, arremeto con todo y se lo tiro a la basura, seguro que no lo hecha de menos jamás.
Los niños están felices, ( sus dormitorios aún no están terminados, pero lo estarán) porque disfrutan muchísimo de la casa, de su estanque reconvertido en mini piscina de chapuzones, del jardín y de sus padres, que estamos tan contentos que queremos disfrutarla a tope ( eso sí, en los ratos en los que no estamos colgando un cuadro o una lámpara)
Anécdotas tengo miles, ya os las iré contando a medida que vaya teniendo tiempo libre para sentarme a escribir.
2 jul 2018
8 may 2018
Volando voy...
Volando, así se me han pasado marzo y abril.
Ya no sé ni que hicimos.
Pasamos la semana santa en casa, asistimos a los oficios y estuvimos preparando la casa para la Primera Comunión de Alvaro. Sí, fue eso. Los niños como siempre unos cracks! Me ayudaron muchísimo.
Luego vino la familia; mis padres, mis hermanas, mi cuñado y mi sobrino... Celebramos con amigos- de esos que se van haciendo un hueco de familia en nuestras vidas- y lo pasamos estupendamente. Claro, claro que soy de las que se histeriza cuando hay un evento familiar y quiere que todo salga bien. Y salió bien, muy bien, porque lo pasamos genial, yo al menos, a pesar de la histeria.
Luego llegaron las notas de los niños... Ay! Las notas... No es que vayan mal, que van bien, pero todos podrían ir mejor, así que llegaron los toques de atención, para que no se duerman. Para que se esfuercen un poco en la recta final del curso. Así que toco el momento del fuera: fuera auriculares que aislan de la vida familiar y no concentran tanto como uno cree, fuera videos de you tube que explican videjuegos a los que no se pueden jugar y cuidan poco el lenguaje (hemos notado un aumento considerable de vocabulario soez en castellano de Jaime), fuera videojuegos de futbol, de comandos, de cualquier tipo. Quedan permitidas las series de televisión en alemán, sin tiempo definido. Y es de obligado cumplimiento leer cada tarde al menos 10 minutos ( que siempre son algo más).
Entre todos nos estamos leyendo el Principito en alemán. Primero lee Jaime, luego leo yo, y luego Alvaro. Isabel no tiene problemas, porque se lee todo lo que cae en sus manos, y el padre de mis criaturas no tiene tiempo ni ganas de leer en alemán.
Después llegó Macarena, mi ahijada, y aquí estamos. De resaca de Bautizo. Saboreando aún el fin de semana familiar a su lado, y al lado de mis padres y hermanos.
( Cuando pueda subo fotos)
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