06/05/2013

A qué huele tu casa?

Os acordáis de ese anuncio cursi que decía eso de " a que huelen las nubes"? Bien, las nubes a no ser que sean de algodón, supongo yo que huelen a humedad, y yo la odio.

Mi casa siempre ha olido normal. Vamos que entrabas y salvo el olor a pipa de mi marido y de los cigarrillos Nobel que fumaba yo no olía a nada más. Podía poner una mesa preciosa con el mantel de hilo herencia de la abuela- regalo de mi madre- y al extenderlo sobre la mesa no oler a nada, salvo a limpio. Eso en Madrid. Aquí la cosa cambia.

Abres cualquier cajón o armario y te entra por la nariz un olor apestoso a humedad que no hay quien te lo quite en horas, sin exagerar. Todo lo que se queda guardado más de un mes, huele que apesta. Así que me tengo que esforzar en poner mesas preciosas, con mis manteles divinos, para que no se me apesten de humedad cada semana. Ya se sabe, junto al mar, es lo que toca.

Lo mismo me pasa con las sábanas, pero esas si se cambian con mucha frecuencia. Y desde hace poco me esta pasando con la ropa interior. AH! NO! por ahí no paso!!!! El otro día estuve de mal humor todo el día porque yo a mi misma me olía a humedad cerrada del cajón. ¡Qué espanto! Con las mismas me fui a comprar a la mega droguería de Barranquilla, la Juliao ( allí encuentras de todo, hasta cosas que creía que no podían existir como veneno para hormigas, ojo no es Raid, es un veneno que las ahuyenta) bolitas de Naftalina.

En cada armario, además de una bolsa que absorbe la humedad, hay un par de bolitas de naftalina, en cada cajón también, en cada balda del armario también. Ahora mi casa huele a Naftalina.
Pensaréis que menudo espanto, qué va! Lo prefiero de cien, cien.
A mi me recuerda a mi abuela Carmen, a su casa de Ciudad Real, con sus suelos de mármol, sus armario de madera y toda su ropa de cama, de casa y de calle, envuelta en sábanas blancas de hilo con bolitas de naftalina. A su cocina inmensa, al cuarto de soltera de mi madre, al baño de mi abuela y a su enorme armario de espejo en el que guardaba todos sus secretos de belleza, al sofá rojo desgastado por los años, para mis ojos rosa, a su alcoba- lo suyo no era cuarto, ni habitación, era una señora alcoba-, de muebles de madera de raíz, con un imponente armario. Me recuerda a su vieja maleta de cuero beis sin ruedas que pesaba un quintal y que siempre escondía miles de tesoros dibujados en bolsitas;para sus utensilios de manicura, de horquillas, de aseo, de botones, y en cajitas. Ella lo guardaba todo en delicados escondites también con olor a naftalina.

Cada vez que subo a mi habitación o paso por delante de los armarios del pasillo me invaden los recuerdos.

Y ahora, mientras pensaba en la naftalina, me he preocupado. El caso es que buscando una foto para ilustrar el post he acudido a Google, y la introducir la palabra naftalina han salido un montón de páginas con información interesantísima y alarmante. Interesante porque nunca imaginé que estas bolitas blancas y brillantes, que me traen tantos recuerdos buenos, fueran derivado del carbón líquido. Alarmante porque sus efectos son horribles para la salud. Entre ellos creo recordar que hay uno que limita la cantidad de glóbulos rojos, por tanto oxígeno, en el organismo y hasta dicen que es cancerígeno. ¡Qué miedo! ¿no?
Así que no sé qué hacer... Bueno sí, seguiré recordando a mi abuela y a su casa de Ciudad Real.

Por otro lado, la planta de abajo de casa, salvo el comedor, no huele a recuerdos buenos. Qué va! Huele en el mejor de los casos a mi jardín, una delicia, y en el peor a Varsol.
Esto es lo que dice una página de internet: El Varsol es una Mezcla de hidrocarburos alifáticos derivados del petróleo, químicamente estable y no corrosivo.
Diluyente de pinturas y barnices, limpieza general de instalaciones de Maquinaria, remover manchas en el piso, diluir pinturas de aceite, limpiar brochas, rodillos y otros implementos utilizados al pintar con pinturas de aceite, en la industria textil, como solvente para secantes, desengrasantes de metales, en la preparación de pulidores o betún para muebles, zapatos, solvente de limpieza en seco.
Claro no? Lo hay con o sin olor. Yo me equivoqué al comprarlo y lo compré normal. Es decir, con olor, y huele a petróleo puro.

Es tan bueno que lo usamos para que las cosas que Max va haciendo en casa, fruto de su inmadurez de esfínteres, no dejen rastro, ni manchas, ni un olor peor.

El caso es que, como la naftalina, también tiene unos efectos malisimos para la salud. Literal: al ser inhalado los vapores tienen bajo grado de toxicidad, pero las nieblas pueden causar pulmonía. Garganta seca con tos, congestión de pecho a baja concentración, somnolencia. Mareo, dolor de cabeza, somnolencia. Puede producir grave depresión del sistema nervioso. Cuando se ingiere produce náuseas y vómito. Cantidades minúsculas que absorban los pulmones y subsecuentemente produzcan vómito, pueden causar daños severos a pulmones. Irritante a los ojos pero no daña sus tejidos. Enrojecimiento. Inconsciencia. Convulsión. En contacto prolongado y repetido con la piel dermatitis.

Una joya, vamos. Igual nos estamos intoxicando poco a poco y sin ser del todo conscientes... A lo mejor por eso, este post me está saliendo más largo...

Sea como sea, al final la casa siempre huele bien. Es que el olor a Varsol se pasa rápido y el de la naftalina perdura.



04/05/2013

Barú, la arena blanca, y el ferry

Teléfonos que suenan a las tres de la madrugada preguntando por el perrillo. Sueños que se interrumpen y el día amanece en Cartagena de Indias. Un desyuno rápido para los niños y alistarlos para ir a la playa.

Salimos tan rápido de de casa que se nos olvidó la comida de Max en casa.

Desayunamos en un Juan Valdés y pusimos rumbo a Pasacaballos, el pueblito de la costa que tiene los ferrys para ir a Barú, una gran Isla paradisíaca de arena blanca, agua cristalina, y miles de vendedores ambulantes que intentan venderte pulseras, collares, y figuras, nada útil y todo chimbo. El collar de plástico color coral, la pulsera azul de aguamarina... en fin, ¡qué os voy a contar!

Desde Juan Valdés, la cafetería fetén de Colombia, se tarda una hora hasta llegar a Pasacaballos. La llegada es normal, lo apoteósico es el ferry. Una plataforma de hierro, dirigida por una patera con motor que nada tiene que envidiar a las que llegan a las costas de Andalucía atestadas de centroafricanos. La diferencia es que aquí se cruza un río y creo que si algo pasara, al menos llegaríamos a la otra orilla a nado.

Las caras de mi padres, un poema.

Una vez al otro lado, en Barú, la cosa cambia, llegas a la playa de arena blanca que daña la vista y ves ese mar, de un color precioso, entre azul turquesa y azul cobalto, pasando por todos los tonos conocidos y nombrados de azul.
Para encontrar algo de tranquilidad hay que caminar un poco, pero poco.
Allí, una cabaña con tejado rosa y unas tumbonas te esperan hasta que decidas levantarte y dejar de contemplar las vistas. Mientras tanto, miles de Ruben Daríos, Manolos, Pepes y Santiagos, negros como el azabache, vienen en tu búsqueda para que negocies un buen precio por un puñado de pulseras.
Después de un almuerzo a base de arroz y pescado, generalmente Pargo, buenísmo, reposas un poco y vuelves a poner rumbo a tierra firme.
En el camino otra odisea te espera. Cruzar de nuevo el río en ferry, esperar la cola con los autobuses plagados de turistas- generalmente americanos- y no dejarte engañar por los que se encargan de este negocio. Por aquí, todo el mundo intenta engañarte. Claro que ya me conozco el cuento y nada como ponerse en "Modo histeria", para que te digan que no te preocupes de nada que no hay que pagar el viaje de vuelta. ( La primera vez que nos pasó, tuvimos que pagar de nuevo el pasaje)
Al final llegas sano y salvo, sabiendo que el ferry no ha perecido y pones rumbo al mega apartamento prestado para darte una buena ducha porque tienes arena hasta en el alma.
Aseados y oliendo a limpio, arrimas a un coche de caballos para dar, por la noche, un largo paseo mientras te explican curiosidades de la ciudad antigua.
Para terminar, una rica cena en la calle, en una de esas placitas de Cartagena que guardan el encanto de tiempos pasados.
¿Es o no es un plan deli?
Ea, pues ahorrad y venid, que os estamos esperando con los brazos abiertos.