2 sept 2013

Con la tía Cris, parte II, en el Tayrona

Álvaro, Isabel, la tía Cris y mamá, en el parque Tayrona. Camino de la playa la piscina. Como veis, en esta playa está prohibido el baño. ¡Mirad la bandera roja de atrás! Cuenta la leyenda popular que muchos son los ahogados en estas aguas, el último un holandés que estaba de viaje de novios. Terrible el mar.

Papá con Álvaro y Jaime, camino de la Piscina.

Papá y mamá con Jaime. En verdad mamá se cree más delgada de lo que aparece en las fotos. Ay! mamá que imagen más buena tiene de sí.

Esta es la laguna que está en el Tayrona, en la que hay un cartel que avisa que el baño está prohibido porque puede haber caimanes. La laguna preciosa, el que haya caimanes da emoción al paseo.

Un rincón del camino. A pie de selva. Un descanso de sombra ante tanto sol.

Sin parar la marcha. Isabel, mamá , Virginia y Marta, las amigas de la tía Cris. Si paramos de caminar nos derretimos, así que seguimos el paseo hasta el lugar de descanso.

Casi casi estamos en la Piscina.  Ya queda menos.
Ya en la Piscinia. Sombras, cocos y un mar azul Caribe. ¡Espectacular!




Los sombreros que llevan los niños ya son un recuerdo del pasado. Hoy Max, el cual no pudo venir con nosotros, se los ha comido. Estoy de sus fechorías hasta el moño.
Tía Cris, te lo vamos a mandar a Madrid, para que te haga compañía, que sabemos que le has gustado mucho.

1 sept 2013

Con la tía Cris , parte I

Planear una escapada al Parque Tayrona con niños pequeños puede ser toda una aventura, eso sí, merece la pena cuando llegas al paraíso.
Venía visita del exterior y quedamos en vernos en Arrecifes- Parque Tayrona-, así que empacamos un par de mochilas, alistamos a los niños, dejamos a Max- nuestro perro- en casa ( no admiten mascotas en la cabaña  de Aviatur) bien cuidado y pusimos rumbo al Tayrona.
En carretera es fácil de llegar. Nada como ir a Santa Marta y seguir derecho a Riohacha hasta que se ve la indicación del Parque. La carretera es preciosa, frondosa y está llena de viveros plagados de plantas de todos los colores. Parece un cuadro.
La entrada al parque para los menores de 5 años es gratis. Para los adultos extranjero cuesta 37.500 pesos y para los nacionales mucho menos. Como no hay tarifa para extranjeros que pagan sus impuestos pero aun no son residentes nos tocó pagar la tarifa más cara. Los estudiantes también tienen una tarifa menor. Pero si os lo digo, miento, así que toca buscar en Google.

Después del ingreso en el parque y llegar al aparcamiento de carros toca o ir andando o ir a caballo. Con los niños lo ideal es ir a caballo. Nosotros fuimos con Ester, sus caballos son muy mansos y capaces, así que nos subimos tan tranquilos y después de una hora de recorrido, subiendo y bajando cuestas, rocas y despeñaderos llegamos a las cabañas de Arrecifes.  El paraíso.

Tengo pocas fotos de este paseo, y mañana prometo subirlos fotos del parque para daros envidia y  animaros a venir a vernos. Pero me queda grabado en la memoria los gritos de felicidad de los niños durante los paseos a caballo y la gran carrera que dieron hasta su tía Cris, mientras gritaban  su nombre desde los caballos. "Tía Cris!!, estamos en el caballo", todos los que esperaban a ser atendidos se dieron la vuelta para mirar a los tres micos que desde los caballos gritaban como locos. 

Arrecifes es toda una pradera con vistas al agitado mar de la zona- donde el baño está prohibido-. Regada de palmeras y pequeños bungalows. Las cabañas son una monada. De madera, con su baño, su agua caliente, sus abanicos, su porche, su hamaca y hasta su televisión – para mi, sobra-. El restaurante es un gran kiosco y la comida es buena y de calidad. Elevada de precio, para ser algo de excursionistas, pero para un par de días merece la pena y está muy rico.

De Arrecifes, donde te puedes alojar en carpa, hamaca o cabaña, toca caminar unos 35 minutos- con niños- a la playa que llaman La Piscina, y algo menos a la Arenilla. Ambas preciosas, de esas que parecen reservadas para parejas jóvenes en pleno auge de su amor.
Hay dos caminos para llegar, el de la playa, no es bueno si vas a partir de las 12 del medio día, porque el calor es brutal y la arena te quema los pies. Pero merece la pena ver la laguna de los caimanes. A los bichos no los vimos, pero cuando vas con niños, la mera posibilidad hace de la caminata algo más que un largo paseo y se convierte en una expedición asombrosa llena de obstáculos, salvables.
El otro camino es por el interior, cruzando “la selva” y los lotes de algunos de los que viven allí. Es sombreado y aunque te encuentras popó de caballo, no importa, para los niños ese camino está lleno de “trampas”, “restos de fieras y animales salvajes”, lo cierto es que lo más salvaje que vimos fueron unas hormigas rojas, súper trabajadoras, recolectando hojas para la temporada de frío. Cruzamos dos veces un río y vimos muchos caballos. Toda una aventura de vuelta a la cabaña.

Lo cierto es que los niños disfrutaron al máximo este paseo, esta escapada familiar. Y nosotros como padres, guardaremos en nuestra memoria todos los juegos y gritos de alegría que han dado este fin de semana. Realmente, el paraíso debe de estar aquí, en el Tayrona.

Seguiremos contando...