21 feb 2012

Economía de escala y rutinas molestas

Dice la wikipedia que la economía de escala son las ventajas en términos de costes que una empresa obtiene gracias a la expansión. Las familias, sobre todo las numerosas, entendemos mucho de esto.

Cuando tienes el primer hijo, pero sabes que vas a tener más,  todo el desembolso económico que haces se va a ver amortizado con el segundo y el tercero.

Nosotros compramos, como muchos, la cuna, el carro, miles de biberones... Todo amortizable. La ropa la heredan de unos a otros, los juguetes los vamos cambiando de cajón a medida que van siendo para pequeños...

Lo mismo pasa con ciertas rutinas molestas o pautas de educación. Todo el tiempo que inviertes en enseñar al primero sabes que es tiempo ganado con el resto.

Me explico: en su día tuvimos que andar con mucha mano izquierda para que Isabel se pusiera una horquilla, se lavara el pelo sin berrear (no lloraba a un tono normal), se cortara el pelo sin rechistar, se cortara las uñas, se dejara mirar la cabeza, se fuera sola a la cama, se tomara toda la leche... 

Hoy, todas esas rutinas molestas casi no son problema para que sus hermanos  las sigan. Un ejemplo:

Ayer tocaba cortarse las uñas. Isabel lo hizo sin más. Álvaro estaba delante y aunque se hizo el remolón, también se las cortó. Y Jaime... Jaime solito extendió su manita para que le cortara las uñas como a sus hermanos.

Revisión de piojos, seguimos inspeccionando cabezas. A Isabel... no le queda remedio es la conflictiva- pobre-. Álvaro, que es un mimoso, se presta encantado a que le mire minuciosamente la cabeza mientra me pide que le haga mimos. Y Jaime espera paciente la cola para que le mire.

Ir a la cama. Isabel y Álvaro duermen juntos, en cuanto Jaime les ve en la cama, coge su gasa de algodón, se pone el chupete y te espera en su cuarto.

El vaso de leche de la noche. Isabel se lo toma encantada, Álvaro desde pequeño también lo tomaba y Jaime, Jaime a sus 15 meses se sienta en la mesa de la cocina y se toma su vaso de leche con galletas antes de dormir (guarrea con la leche), claro está que luego en el biberón le pongo los cereales.

Recoger la ropa/ tirar pañal a la basura. En cuanto Isabel asumió que después del baño tiene que llevar su ropa al cesto de la ropa sucia y guardar sus zapatos, Álvaro lo asumió también y aunque le cuesta llevar el pañal de la mañana, lo lleva. Jaime ha nacido con eso asumido, en cuanto le cambias el pañal, lo tira a la basura.

¿Compensa o no? A mi desde luego sí.

P.D. En lo único que aún hoy podemos tener un N.M. (necesita mejorar) es en el lavado de cabezas . Todos han llorado hasta hace poco, les cuesta, y eso que les hemos enseñado a lavársela solitos. Mañana les toca. Se harán los remolones, fijo.


20 feb 2012

¡Colechos fuera!

Está claro. Lo tengo abandonado.
Si os contara la realidad de mi vida, la real, real, veríais que tengo excusas suficientes como para disculparme, pero lo cierto es que para no aburriros sigo con mis cosas de madre.

He descubierto, después de 4 años, que a los niños en muchos casos, te los ganas con pequeños chantajes o premios. Si haces esto... te doy esto otro ( esto otro siempre tiene que ser algo que realmente deseen).

Así es como hemos conseguido que duerman en su cama del tirón y sin venir a nuestro cuarto.

Hasta hace poco, bien poco, practicábamos el colecho. Es decir, dormíamos con al menos uno de los niños en la cama. Mi marido- que es un santo- acababa yéndose a otra habitación ( esto os lo conté en este post). No lo hacíamos por ninguna razón de educación emocional extraña como dictan las modernas corrientes sobre paternidad, ¡qué va!, lo hacíamos porque al final siempre era más fácil y rápido que se durmieran con uno de nosotros. Mal, muy mal por mi parte, lo sé, pero no hay madres perfectas.

El caso es que mi marido se cansó y decidió, después de que Isabelilla intentara mangar de su colegio tres veces el mismo álbum horrible de Monster High, que la chantajearíamos con eso. Cada noche que duermas solita, toda la noche en tu cama, sin venir al cuarto de papá y mamá, tendrás por la mañana una carta nueva de Monster High para rellenar un álbum. Los ojos le hacían chiribitas, creo que ella misma se emocionó visualizándose con su álbum entre las manos, repletos de muñecas horribles.

Mano de santo. Ahora o tiene una pesadilla- y entonces te la encuentras sollozando a tu lado, con cara de sonámbula y te da un susto de muerte- o no la ves hasta la mañana siguiente.


Con Álvaro pasó algo parecido. Es un loco de la Wii, pero de los de verdad, cuando juega se pone nervioso, grita, se mueve como si le dieran calambres, se enfada... ¡Parece un adulto compitiendo contra la máquina! O peor, le faltan las cervezas y las patatas para ser el fiel reflejo de tío- de- comedia- americana- en plena- noche- de- amigos. Así que su chantaje fue el mismo, pero con Mario Bros.

Y Jaime, de momento seguimos con el duérmete niño. Totalmente asumido por su parte, pero sé positivamente que cambiará, que en cuanto salte la cuna y le tenga que pasar a una cama tendré que buscar algo supermegamotivante para que se quede en su cama sin venir a la nuestra. De momento... ¡nos toca disfrutar del momento!

PD. Si algo tienen los niños es que las emociones y pasiones se les pasan volando, así que con un paquete de cartas el objetivo estaba conseguido. La inversión es mínima, la emoción altísima y la recompensa magnífica.