Tengo a dos malitos. No es nada grave, pero nos está costando mucho sacarles el virus de dentro. Muchas horas sin dormir, muchos llantos al poner el suero fisiológico -prácticamente el mejor amigo de una madre en el primer año de vida y siguientes-, muchas negociaciones para hacer tomar el Dalsy o el Apiretal, según qué enfermo toque, y varios termómetros digitales que no son precisamente precisos. ¿Por qué cuando vas a urgencias les ponen uno de mercurio? ¿ No estaban prohibidos? ¡Yo quiero uno!
Como dice mi suegra, la medicina moderna os ha hecho la pascua con no poder darles la Aspirinita infantil, antes todas las enfermedades las arreglábamos con media Aspirinita. Pues sí, en esta ocasión a mi suegra le doy toda la razón.
Y lo peor no es que ya no podamos darles la famosa pastillita rosa, lo peor es lo ñoños que se quedan después de unos días con fiebre. Si alguna de vosotras me llega a pillar en pleno ataque de yanopuedomásdeniñosyllantos, se los hubiera regalado hasta con el consentimiento de mi marido, que a paciencia no le gana nadie y está llegando a desbordar su límite.