4 nov. 2015

A las 7.30

Me encanta el otoño. Me sorprendo cada día cuando miro por la ventana y veo alfombras preciosas de diferentes tonalidades.
Al final del día esas alfombras han servido de diversión para los niños,que juegan con las hojas acumuladas en los caminos.
Esas hojas nos recuerdan lo efímero del tiempo, de la lozanía de la primavera.
Nos recuerdan que todo  se somete en silencio a un plan perfecto.
Que ahora en invierno la naturaleza duerme profundamente para despertar en primavera y explotar.
Algo así pasa con la vida de cada uno, hasta la muerte. Y en realidad no morimos, dormimos profundamente hasta la explosión de vida que es el cielo, así al menos yo lo veo.

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