21 oct. 2013

Pegando barbillas

Se me ha vuelto a romper el teclado Logitech de mi iPad, no es excusa para teneros abandonados, pero reconoceréis, los que trabajáis con este aparato adictivo que sin teclado externo es más difícil escribir. 
Lo cierto es que en estos quince días que no escribo no ha pasado mucho en nuestras vidas. Álvaro padre ha empezado a viajar con más frecuencia así que estamos más tiempo solos sin él, y eso... No mola nada. 
Isabel cumplió sus 6años, vinieron a casa a jugar sus amigos y le regalaron cosas preciosas, casi todas rosadas, salvo una piñata preciosa que era morada y brillante que Ana María, mi vecina del alma, le hizo con sus manitas, súper apañada! 
Y yo, yo tengo una contractura que me tiene fastidiada. Y un bultito en el cuello, que me obsesiona, papá, qué falta me haces!

Hemos tenido maratones de cumpleaños infantiles y todos han sido distintos, con un despliegue de medios increíble- no se que harán el día que cumplan 40- y en todos los niños lo han pasado genial. 
El último lo tuvimos el sábado, era de Nicolás, el nieto de unos vecinos. Nicolás lo disfrutó un montón pero el que más disfruto fue Jaime, que no para de saltar en el castillo hinchable en cuando lo veía libre de niños grandes. 
Lo pasó tan bien que ayer se fue a casa de Nicolas, no sé si por revivir la experiencia o si por comprobar que había acabado. El caso es que cuando llegó a casa por su periplo en el conjunto, fue a beber agua, se paró en un escalón de la cocina, se resbaló y se partió la barbilla con la encimara tipo Corian. Me dolió hasta a mi. Y yo que no soy la típica madre histérica, deje toda la vajilla sucia, con el agua corriendo, para salir a socorrerle. Mi pobre cascarrabias...
Lloraba y lloraba. 
Le mire la herida y la verda, me asusté. 
Mientras su padre lo consolaba me dio tiempo a mandar un whatssup a mis amigas para saber si vendían tiritas de puntos( aquí punto mariposa) en la farmacia. Me dijeron que no. Y me recomendaron ir la hospital. Y ahí comenzó todo.

- Álvaro, tenemos que ir al hospital a que le pongan una tirita de puntos.
- No exageres, no es nada. 
- No, Álvaro, es que he visto la carne! Tenemos que ir. 
- Exagerada...
- Bueno voy a casa de Ana María se lo enseño, y lo que ella diga. La verda, nunca han tenido una herida así.

Salí de casa con Jaime en brazos. Fuimos a casa de Ana María, en plan piscina y descalza andaba yo, y esperamos a que nos abrieran la puerta.
Le enseñe la herida, la vieron los dos, ella y Pacho, su marido. Y los dos dijeron que al hospital. Que un punto Mariposa. 

- Álvaro, nos vamos, me cambio y nos vamos. 
- Joe, ve tu yo me quedo con los niños. El pobre llegó el sábado, después de una tensa semana de trabajo en la mina del Cesar y para un rato de tranquilidad... Yo le entendí, pero aún así, fuimos todos. A pesar de que los hermanos de Jaime se enfadaron porque tuvieron que interrumpir la película que estaban viendo y eso suponía posponer también la ansiada partida de Wii. 
Lloraron. Pero les dije en voz baja por qué teníamos que irnos y entonces, no sé si por miedo o nervios, empezaron a excitarse con lo que iban a hacerle a su hermano- un secreto para el implicado-

Llegamos en cinco minutos. Han abierto muy cerca de casa una clínica, hospital, hiper mega moderna, privada, con todo tipo de avances. 
Entramos con los niños, rellenamos el formulario, y esperamos. 
Esperamos tanto que los niños tuvieron aún más tiempo de alimentar la excitación, menos mal que estábamos solos, porque si no, Álvaro me habría matado y me habría dicho el famoso "te lo dije, debías haber venido sola".
Cuando por fin entramos en la sala de procedimientos los niños se transformaron. Se calmaron un poco y empezaron a hablar con el médico y la enfermera que estaban revisando al pequeño. 
- Mi papá tiene 45 años, ya es un viejito, dijo Alvaro tras confesar la edad de todos. 
Menos mal que la mía no la saben y no la pueden decir, pensé. 
- Señor, a mi me durmieron para mirarme el pie, dijo Isabel al médico, al que le tuvimos que narrar todo el episodio del famoso virus que se instaló en su talón y le hizo cojear por meses a la pobre. De eso hace ya tres años y aún se acuerda!!! He aquí un trauma. 
Así discurrió la tarde, cogieron confianza con el médico. Las enfermeras se pasaban por nuestra sala para admirar a los niños "unos pelos monos lindisimios", no es que lo diga yo, es lo que comentaban ellas y así sin más en un momento había cinco enfermeras mirando a los niños y riendo con sus ocurrencias. 
Se acercaba el momento de la verdad, la intervención a Jaime, el doctor nos dijo que podíamos ponerle un punto con el cirujano plástico, un punto mariposa o pegarle la herida con un pegamento especial y protegerla con un espadadrapo moderno. Decidimos lo último, porque realmente el punto de sutura clásico no era fundamental y los mariposa, no estaban disponibles. 
Me encantóo del pegamento, me encantaría que lo vendieran en las farmacias normales y me pregunto si en España lo tenemos... Es guay! Unas góticas de un líquido azul, apretar la herida con cuidado y listo. Como cuando pegas con superglue ( gota mágica) la taza desportillada que ha caído al suelo por enésima vez y te resistes a tirar a la basura porque es la que mejor sabor le da al café.
Llegó el momento, y los niños empezaban a ponerse nerviosos, Isabel y Álvaro, porque Jaime estaba de lo más tranquilo. 
Así que les dimos que o se portaban bien o les poníamos la inyección para niños desobedientes, los metíamos en la sala oscura y a esperar a que se portarán bien. Vamos que les contamos una milonga tétrica, tétrica para que dejarán trabajar y se portarán bien. 
Cuando todo terminó Alvarillo exclamó,  -"mi hermano es un tío grande, no ha llorado ni nada, y eso que el médico da miedo, señor, -al médico- ¿sabe que mi abuelo es el mejor médico? El mejo de España." Y todas las enfermeras exclamaron en bajito " qué lindo!" Mientras su padre y yo nos sonreímos. 
- Jaime lo has hecho muy bien, eres un tío grande de verdad. Que quieres ahora?
- Pan. 
- no quieres un helado, dijo su padre, 
- no, pan. 
- Vale, vamos a casa y te damos un gran pan!! 

La verdad que como no era tan urgente estuvimos dos horas hasta qué salimos de allí y no nos importó, pero no entendí mucho porque se demoraron tanto si éramos los únicos que estábamos en urgencias. 
Eso si, lentos, pero nos atendieron muy bien.  #estilocosteño.

Y dicho esto os cuento que llegamos el 11 de diciembre, vuelo de Avianca, terminal t4, 13.15 horas y que no es que espere un grandioso recibimiento- me conformo con uno igual al del año pasado que fue una pasada-, pero sí espero tener tiempo para veros a todos o a la mayoría. 

Foto1:barbilla
Foto2: los pijamas nuevos y la agenda de pintar nueva de Álvaro. 

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