20 jun. 2013

Un plan criminal

No sé si empezar por lo intenso que esta Jaime, el cual quiere a toda costa vivir sin despegarse de sus Nike blancas (herencia de herencia de su hermana Isabel y en estos momentos su mas preciado tesoro) y además te persigue por toda la casa para decirte que ami, ami, bol, boool, es decir, mami, quiero las zapatillas de fútbol. Para quitarle la manía le hemos dicho que Max las ha estropeado, y ahora anda robando a su hermano las verdaderas zapatillas de fútbol azules. Robando, si. Porque se las pone a escondidas, viene a buscarme o a buscar el consentimiento o aprobación de un mayor para poder ponérselas, y como no lo consigue, se vuelve a enfadar. INTENSO. 

Aunque lo que os quería contar es que a los niños por sus buenas notas les dimos su Gran Premio, una tarde en Divercity, un Micropolix en miniatura, un parque recreo-educativo en el que los niños juegan a ser adultos y ganan dinero para poder gastarlo escalando, peinándose o comprando algún souvenir de la tienda de la ciudad ( of course, perfectamente escogida para que lo quieran todo) . Cuatro horas intensas de actividad al más puro estilo yasoymayor que hizo que se lo pasarán en grande. Cuatros horas enteras de amor de padres, sufriendo de aburrimiento en un plan criminal, sólo apto para niños. Y aunque Álvaro padre tenía momentos de hastío, yo le consolaba diciendo, "al menos hemos venido juntos, imagínate estas cuatro horas sólo, como la pobre Antuanette- una muy querida amiga casi hermana- que vino sola con su hija". 

Porque digo yo: llega una edad en la que mientras que los hijos hacen amigos del alma en cinco minutos, una no tiene ni ganas, ni edad, ni interés en hacer amigos de cinco minutos, ni aún sabiendo que tienes por delante cuatro horas de puro aburrimiento. Cuatro horas en las que ves las mismas caras de los mismo adultos- pobres padres afantasmados, que deambulan por la ciudad de los niños en poer estado que Garfio en Nunca Jamás- que han decidido hacer con sus hijos el mismo maquiavélico plan. Esos padres a los que sonríes con media sonrisa, les dices "uf, esto es agotador", miras el reloj, para ver cuanto suplicio queda, das media vuelta y...  Y nada, porque para los adultos nada, a no ser que vayas acompañado y charles en un banquito mientras los niños salen de ser bomberos, médicos o pilotos de avión para  meterse corriendo a ser actor de teatro, periodista o investigador privado.

Y cuando todo acaba, cuando llega el fin de las cuatro horas, y suena esa voz angelical que dice Divercity cerrará sus puertas a las nueve, cuando suena esa música casi comparable a la alegría del canto de los números que hacen los niños de San Ildefonso en vísperas de Navidad, cuando pasa eso... Llega lo peor. los niños protestan, ninguno quiere irse, los padres los cogen de los antebrazos y los arrastran duro para que devuelvan el pase y salgan ya a lo que los adultos creen la Libertad. Pero en eso preciso momento en el que los niños ponen un pie fuera,  se transforman, dejan de ser unos niños para convertirse en pequeños gremmlins sobre excitados que no son capaces de estarse quietos ni un sólo momento, ni en las escaleras mecánicas, ni en el coche, ni siquiera cuando amenazo con el enfado a la vista de su padre. Únicamente son capaces de reaccionar al momento cuando su padre, harto, jartodeverdá, da un grito de basta ya!  y , en lo que parece tres microsegundos, olvidan y vuelven a ser gremmlins . Así la vuelta a casa es un puro milagro. Niños gritando, padre cansado, madre que no sabe como reaccionar, coches que deben vivir también en un momento estresante porque aquí conducen verdaderamente mal... 
 En definitiva, cumplimos con hacerles vivir su ilusión, un plan criminal para adultos.
Os dejo las fotos. Ideales, como siempre.




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