27 nov. 2014

La llamada

Es curioso como una llamada de teléfono puede dejarnos bloqueados, hundirnos y crearnos un estado de ansiedad tal que nos deja paralizados. No sé si le pasa a todo el mundo, pero al menos a mi me ha pasado más de una vez. Claro, que en las ocasiones anteriores era la receptora de la llamada. Recibí la noticia, quede en estado de shock, y después de una oración llame a Álvaro, o a mi padre o a mi madre o a alguna hermana o a alguna buena amiga

Ahora, soy la que tiene que hacer la llamada. Y estoy paralizada. 
No es que tenga que dar una noticia buena o mala para el receptor. Sencillamente tengo que informar al servicio técnico de Ikea en Alemania que mi lavavajillas hace ruidos extraños, he leído el manual, he seguido las instrucciones y nada, necesito un técnico que venga y además asegurarme de que lo cubre a garantía. 
Esta llamada no sería difícil, y yo no estaría con una ansiedad horrible, si al otro lado contestara un español, o supiera con certeza que me iban a poder ayudar en inglés. A mi se me cayó un mito cuando supe que en Alemania no todos hablan inglés y yo... Aún no hablo aleman, porras! 
Si tuviera confianza con mis vecinos, que son muy amables pero no dan mucho pie a la confianza a la que yo estoy acostumbrada, les pediría que me hicieran el favor. Pero, pues no la hay. Así que ni modo. En días como hoy hecho mucho de menos, pero mucho mucho a mis vecinas de Condado de Treviño y a las de las Trinitarias. Ay! Lo que son una buenas vecinas para mi...

Hoy era de esos días que una se levanta llena de planes para sí. Álvaro no comía en casa, los niños todos con el mismo horario-lunes y jueves coinciden todos- salían a las tres y yo tenía la casa hecha a falta de la plancha, poca cosa. Hoy iba a ser el día en el que me iba a sentar a coser los bajos de las cortinas, a ver las tertulias de la mañana, a buscar los regalos de Navidad... Hoy era el día para mis cosas. 
Hoy ha sido el día del lavaplatos. Ya por la mañana temprano nos hemos dado cuenta, todo a medio lavar. Pasó hace tres días, cuando mis padres estaban de visita ( y van dos días que mis hijos me dicen que los hechan de menos). Mi madre me decía que no me sofocara, y yo le decía una y otra vez que el lavaplatos roto no es problema, gracias a Dios hay agua y jabón, que el problema es la llamada al servicio técnico. Así que hice de todo para solucionarlo. Y se arregló. Hoy he hecho lo mismo, pero nada, no lo he logrado. Hoy ha sido el día en el que todo se ha lavado a mano. Hoy ha sido el día de buscar libros de instrucciones, recibos, albaranes... Ha sido el día de pedir una vez más ayuda a Mari, ese ángel que me guarda y me ayuda. 
Ella va a hacer la llamada, yo soy incapaz. Me siento paralizada. Aturdida. 
Hoy a sido el día de renunciar a mis planes, una vez más, pero por culpa de la llamada, bueno y del lavaplatos. 

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