20 ago. 2014

Lo que me ha durado la vuelta al colé...

Hoy era el día más esperado del año para mi. Hoy todos empezaban un nuevo curso y yo por fin iba a tener el tiempo suficiente para poner todo en orden, no hacer nada, hacerle el jesusito al bebe de Antoinette, arreglar armarios, preparar ricas comidas y cenas... Hoy era el día.

Como de costumbre, desde que llegamos a estas tierras, el despertador ha sonado a esa hora intempestiva que yo nunca pensé que sería capaz de levantarme:6.30 am. Una ordinariez! Veloz y diligente me he levantado de la cama, sacándome las sábanas con pura morriña para darme una ducha y lavarme el pelo, que es una tarea larga, pues ahora que lo tengo a mitad de hombro lo tengo que secar antes de salir de casa si no quiero cogerme un pasmo. 
He despertado a mi buenesposo y a los niños. He preparado desayunos y por mucho que han corrido todos... Hemos vuelto a llegar tarde al colegio. 
Cuando llegábamos para dejar a Isabel me he encontrado con la buenaza de Mari, que me ha acompañado a preguntar a Frau Olbertz, la profesora de Isabel, si hoy mismo Isabel empezaba su horario extendido al que la apunte en mayo.  Qué buena es Mari. 
Después hemos dejado a Álvaro, que como de costumbre ha llorado. Y luego a Jaime, que se ha quedado tan pichi. Eso sí, la que se ha quedado con cara de pez he sido yo cuando su profesora Frau Müller me ha dicho que Jaime no se podía quedar hasta las 16.00, porque iba a ser un sock para él, ganas me han entrado de explicarle que mi hijo lleva en el colegio ya dos años y que tal vez el shock sea escucharle llorar al despertar de la siesta, pero me ha parecido de mal gusto adelantarle a la buena señora las reacciones de mi pequeño, así que le he dicho que sí, que estaría de vuelta a las 12,15. Con las mismas, he llamado a mi buen esposo y le he dicho tan catastrófica noticia. 

No es que no quiera tener a los niños en casa, no. Es que necesito la mañana libre para ir a la academia a aprender alemán, porque no quiero que me pase lo que me ha pasado esta mañana, de vuelta de la guardería de Jaime. 

Pasaba caminando por la panadería y he comprado cinco panecillos, perfecta la compra porque ya se decirlo. Cerca de la panadería hay una carnicería con una pinta maravillosa. Me he envalentonado y he entrado, he preguntado si hablaban inglés, "nein", así que en un alemán para indios les he dicho que quería carne para roast beaf, a fin de saber el precio y comprarla. Me han enseñado un hermoso trozo de carne, que costaba un ojo de la cara, es decir 50 euros, y pesaba 1,500 gramos, así que amablemente les he dicho que era muy caro y me he ido. "Si supiera aleman habría preguntado a cuánto esta el kilo de carne para roast beaf y no habría dado tantas vueltas la señora a la hermosa pieza del mostrador", todo esto lo pensaba mientras iba de camino a casa, agobiada, pensando que mi día de tranquilidad se acababa a las 12.15, sin atisbar que podía empeorar la cosa, renunciando a mis planes de orden, costura... Y post poniendo mi academia para septiembre- calculo que para entonces Jaime ya se podrá quedar hasta las cuatro de la tarde, como Alvaro e Isabel.
He entrado en casa feliz, sin prisas, con una lista hecha de recados por hacer, dispuesta a liquidar el orden diario de mi hogar en dos patadas y dejar una rica comida lista para calentar. 
Cuando ya había terminado de hacer todo me ha llamado la buena de Mari para decirme que en el colegio no tienen constancia de que Isabel se quede en Rapunzzel, dícese del horario extendido. Casi me pongo a llorar, "yo mandé el papel, yo mandé el papel" le he repetido a Mari como si fuera un mantra. Cuando he salido del shockpostnoticia, Mari me ha dicho que debía ir a buscar a Isabel a las 11.30, de nuevo mi mantra "pero... Yo mandél papel, yo lo mandé". 
Así que nada que hacer. He recogido a la niña a las 11.30, después de hacer lo que he podido, he vuelto a casa a terminar la comida y cuando mibuenesposo ha entrado por la puerta he salido veloz a recoger al pequeño. 
En definitiva, de momento me quedo con dos pa'l resto del día. Álvaro se queda hasta las 16.00 comida  incluída. Mañana intentaré poner orden en este caos del horario extendido, y recogeré a Isabel a las 9.45, si yo también pienso que pa ir dos horas es tontería, pero es lo que nos toca, así que el resto de recados que tengo por hacer los haré con ella, al menos ya no da tanta lata como cuando era más pequeña. 

Pues eso, lo que me ha durado la vuelta al colé ha sido el cantar de un vizcaíno. Agur.


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