1 jul. 2014

Walter White

Así, como si yo fuera Walter White me siento cada vez que Jaime o alguno de sus hermanos, pero sobre todo Jaime, se pone a llorar.
Llora por cualquier cosa, un zapato que no le gusta, la pajita de la leche del color inapropiado, si vamos al parque, si no vamos, si un hermano le dice tonto, si un hermano le da un beso o un empujón sin querer... Llora tanto que hasta sus propios hermanos están cansados de él. Y yo, que lo sufro a todas horas, más. 
Lo malo, lo malo es que me entra el instinto asesino, y pienso en Walter White , si el lo hacía... Y luego lo pienso y me digo que no, no, no. No podría vivir con una muerte a mis espaldas, entonces me dan ganas de suicidarme, así no le escucharía jamás. Y le digo "tu quieres que mamá se muera? Pues deja de llorar o me mato! " y algunas veces deja de llorar y me dice " entonces no me verás mas..." Y me derrite! En ese momento se me quitan todas las malas influencias, los malos pensamientos y puf!  Todo fluye con normalidad.  Bueno, con la normalidad de mi casa que no es poca. 

Otra veces no surge efecto y es entonces cuando me encierro. Me encierro en el cuarto de los armarios, o en mi misma, y le dejo llorar hasta que se cae. Mientras, pienso en cómo hacerlo, cómo hacerme desaparecer de un modo fácil, sencillo, de la misma manera que hago desaparecer las piedritas que me traen los niños para que les haga magia y los deje anonadados. 
Es entonces cuando mentalmente desaparezco, me voy a mi mundo, ese en el que escribo el blog , bueno en realidad son post mentales que nunca llego a escribir, la mayoría sobre las lecturas educativas esas que dicen que a los niños no hay que gritarles, que hay que tenerles paciencia y que hay que ponerles límites sin coartar su estimulación, su imaginación y las ganas de investigar y la capacidad de asombrarse. Pamplinas! Seguro que los que escriben eso no tienen a un Jaime en su vida. A veces, en esa evasión doy forma a mi novela, también imaginaria, e intento una salida fácil para los protagonistas, una familia joven de expatriados por culpa de la crisis que se meten en el narcotráfico sin querer y ya no saben como escapar de sus propias vidas, los pobres... Pienso en ellos mucho, y siempre acaban igual (no os lo diré porque si algún día la escribo ya os haber contado el final) Como sé que estos pensamientos no acaban en ningún lado suelo terminar rezando. 
Pienso muchas veces en la Virgen Peregrina, ella que con su familia y un bebe pequeño tuvo que salir corriendo hacia Egipto, seguro que se encontraba como yo, igual la Virgen sabía idiomas, pero yo me la imagino pez en idiomas, pero muy sonriente, encantada en su nueva casa y con ese bebe... Claro que el suyo era Santo! Y no es un decir. Luego, cuando lo pienso así, pienso en que Jesús, por muy santo que fuera seguro que tuvo sus rabietas, pues fue un niño de verdad y aún nadie ha dicho que no las tuviera, a lo mejor como las de Jaime, y ahí no me imagino a la Virgen gritándole, la verdad. Es entonces cuando me derrumbo, y pienso, bueno, ella sí es Santa! Y yo... Una madre descontrolada.

Aún así, Jaime tiene algo especial, cuando no llora, he de decir que se me cae la baba. Imaginaros después de una de las suyas, de esas de media hora, me escondí en el sofá, imaginándome el final de mi novela. En esas estaba cuando algo paso en la habitación de juegos y oí a Alvarillo llorar, no quise ni preguntar, así que seguí imaginándome, de pronto se abrió la puerta del salón y oí a Jaime que decía "no aguanto los llantos de Avalo"  Tendrá cara!!   También estaba en el baño, hacían cola para lavarse los dientes y Alvarillo le dijo algo a Jaime, algo que le debió enfadar mucho porque con su media lengua le dijo,"cállate o te voy a dar una paliza" , ahí si intervení, menudo macarra el enano! 
Es de esos que despiertan ternura y simpatía aunque el sea antipático y simpático a partes iguales. A todos se les cae la baba con el, y la verdad, algo tiene que tener, porque lo cierto es que cuando está de buenas, es un diez, Pero de malas, pa regalarlo! Supongo que como todos. No? 


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