10 jul. 2012

PA-CI-EN-CIA

No es que sean míos, pero tengo que reconocer que mis hijos cada día son más buenos. Aún así, son capaces de agotar mi paciencia.

Si Isabel se levanta revirada es seguro que a lo largo del día tendrá uno o dos o tres episodios de mimos llevados al extremo y acabará siendo regañada por su madre, la más mala del mundo -así me mira ella cuando termino-.

Álvaro, en cambio, es capaz de agotarme desde el primer minuto del día, se levanta a menudo de buen humor y siempre empieza a hablar y hablar y no calla! Y lo mismo que habla lloriquea como un muñeco ñoño, es así desde pequeño y siempre ha sido el mas maníatico de todos. Hay momentos inevitables, ponerse los zapatos, los manguitos, lavarse la cabeza... Que me encantaría no tener que pasar con Álvaro.

Jaime, por su parte, es el más llorón y cuando el día sale aguado y salado... Nadie, ni Mijaela, me libran de mi gordo adorable.

Esta mañana han agotado mi paciencia, en realidad no tanto, pero tenía que explicarles lo que era. Una fuerza invisible que recorre a mamá de los pies a la cabeza y que la hace fuerte y con ganas para jugar y estar con ellos. Cuando lloran, se pelean, se portan mal, o son "malos"esa fuerza se acaba y se agota, y se vuelve a llenar cuando son buenos, se comen todo, juegan tranquilos o piden las cosas sin llorar.
Cuando les he explicado esto se han quedado preocupados y han empezado a jugar, buscando hormigas, y cada dos minutos me preguntaban si ya tenía la paciencia llena. "Hasta dónde está llena?", preguntaban señalando la cintura, dos minutos después, volvían a preguntar lo mismo y señalaban un brazo...

El caso es que esto me ha servido para tener una comida tranquila y una siesta para dedicarla a hacer mis deberes y escribir un poco en el blog, que ya apetece escribiros. Ah!!! Y para tener la paciencia llena. Ahora ya podemos ir a cazar hormigas o jugar frente a las plantas del jardín o nadar en la piscina con un manguito o sin ellos o terminar de hacer deberes, que se los tenemos que llevar a la nueva profesora de Colombia.

Espero que ahora la paciencia se vacíe poco a poco.

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