24 ene. 2012

Planes bucólicos

Qué ganas tenía de escribiros. Lo sé, hace casi dos semanas que no tengo tiempo ni de respirar. El glamour ha entrado en mi vida: primero fue la fiesta de los Premios T de Telva de Belleza, después los Globos de Oro, más tarde una premier aquí, otra premier allá... ¡Un no parar!
Acabé la semana muerta y con miles de post imaginarios escritos en mi cabeza, de forma algo desordenada, pero de verdad que os escribí, que pena no tener un altavoz de pensamientos para estos casos, que transcriba lo que una piensa.
Acabé la semana con uno de mi planes bucólicos, esos que me rechiflan y que rechiflan a los niños. Nos subimos a Robledo. La tarde del viernes encendimos un fuego en la chimenea y asamos unas patatas, tostamos marshmallows y Álvaro papá y yo  no tomamos una refrescante copa, con las complicaciones propias de intentar tomar algo en un vaso de cristal con niños alrededor.
El sábado amaneció un día estupendo, más propio de marzo que de enero, y aprovechamos para hacer una excursión y coger piñas y palos para la chimenea. Cruzamos ríos, limpiamos el bosque y lo pasamos genial. Los niños, los mayores, se divirtieron muchísimo y a nosotros nos vino de perlas el paseo. A Jaime, de momento, en estos planes no le incluimos básicamente porque suele estar dormido cuando por fin nos ponemos en marcha.
El domingo amaneció un día aún mejor. Nos levantamos temprano, para no perder la costumbre, fuimos a Misa y jugamos en el jardín y a la Wii. ¡Menudo invento! Lo mejor es que no les importa no ganar, se lo pasan pipa tirando a Mario y a sus amigos por precipicios digitales.

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