30 ene. 2012

Después de la relajación... comida en casa

Éstas son las moxas de mi tratamiento guay. 

Lo sé, tengo mi blog algo abandonado. Lo siento. No es desidia, es falta de tiempo.

Hace una semana tuve un plan de lujo, de esos que sacamos en TELVA, de esos que cuando les cuento a mis hermanas se mueren de "envidia", uno de esos que son guays.
Fui a Mirache, un centro de belleza con peluquería y salas de estética  en las que entras con prisas y decides quedarte a vivir y hacerte todo tipo de cosas maravillosas.
Estuve probando un masaje y un tratamiento de moxitoterapia, una técnica japonesa exquisita.
Como siempre pasa, empiezas el tratamiento y te cuesta abandonarte al masaje, le das vueltas en la cabeza a todas las cosas que hay que hacer- claro, es el único rato de paz que tienes- y cuando por fin te dejas llevar por las sensaciones... se acaba. Salí como nueva.

Llegué a casa, quería comer con los niños y nada más abrir la puerta Jaime se puso a llorar, Álvaro no quería comer, mi marido esperaba paciente y Mijaela, esperaba a que me decidiera a sentarme. ¡No me dejaban!
Cuando por fin se calmaron comí tranquila, eso sí, con Jaime en brazos, y ¿os podéis creer que no me pude tomar el café?
Empezaron de nuevo, se turnaban al llorar, me sentaba en el sofá y ahí los tenía encima, escalando por mis piernas hasta llegar a lo alto de mi cabeza. No quería pegar gritos, ni ponerme dura, venía de estar súper -mega -relajada.
Decidí que lo mejor era llevar a Jaimote a dormir la siesta. Parecía decirme, sí, voy a dormir estando tú en casa. ¡Qué juerga!
Alvarillo entraba una y otra vez en la habitación. Al final, ni relajación ni leches, un grito. De nuevo los llantos. Así que decidí lo siguiente: Alvarillo dormiría a Jaime, o lo que es lo mismo, los encerré a los dos en el mismo dormitorio y que haya suerte.  Parece que funcionó. No se durmió, pero ahí lo dejé, con su hermano/ ídolo, muerto de la risa. Volví al salón, a tomarme el café, ya frío, miré el reloj y... hay que salir a recoger a Isabel y volver al trabajo corriendo.

Moraleja: busco plan para la hora de la comida.


24 ene. 2012

Planes bucólicos

Qué ganas tenía de escribiros. Lo sé, hace casi dos semanas que no tengo tiempo ni de respirar. El glamour ha entrado en mi vida: primero fue la fiesta de los Premios T de Telva de Belleza, después los Globos de Oro, más tarde una premier aquí, otra premier allá... ¡Un no parar!
Acabé la semana muerta y con miles de post imaginarios escritos en mi cabeza, de forma algo desordenada, pero de verdad que os escribí, que pena no tener un altavoz de pensamientos para estos casos, que transcriba lo que una piensa.
Acabé la semana con uno de mi planes bucólicos, esos que me rechiflan y que rechiflan a los niños. Nos subimos a Robledo. La tarde del viernes encendimos un fuego en la chimenea y asamos unas patatas, tostamos marshmallows y Álvaro papá y yo  no tomamos una refrescante copa, con las complicaciones propias de intentar tomar algo en un vaso de cristal con niños alrededor.
El sábado amaneció un día estupendo, más propio de marzo que de enero, y aprovechamos para hacer una excursión y coger piñas y palos para la chimenea. Cruzamos ríos, limpiamos el bosque y lo pasamos genial. Los niños, los mayores, se divirtieron muchísimo y a nosotros nos vino de perlas el paseo. A Jaime, de momento, en estos planes no le incluimos básicamente porque suele estar dormido cuando por fin nos ponemos en marcha.
El domingo amaneció un día aún mejor. Nos levantamos temprano, para no perder la costumbre, fuimos a Misa y jugamos en el jardín y a la Wii. ¡Menudo invento! Lo mejor es que no les importa no ganar, se lo pasan pipa tirando a Mario y a sus amigos por precipicios digitales.

17 ene. 2012

Muletillas


No, tranquilos. No hay ningún lesionado en casa. Bueno puede que tal vez yo me tire por la ventana como la situación no cambie.
Dicho esto, os cuento: se fueron los piojos, rompí mi dieta porque mi marido me dijo que estaba estupenda y que no adelgazara ni un gramo. Ideal mi marido, ¿verdad?  Volví al trabajo y llegó mi depresión. ¡Joe!

Creo que no era consciente de lo mucho que digo, o decimos, en casa esta palabrita, exclamación, de tres letritas. No era para nada consciente hasta que este fin de semana Alvarillo, que lo habla y lo dice todo casi desde que nació, empezó a terminar sus frases, sus quejas, sus propuestas... con esta pequeña muletilla.

-Niños, nos vamos al campo al coger piñas y palos para hacer leña.
- ¡Joe!, mamá quiero ver Diego, Diego ( el amigo de Dora ahora tiene serie propia, el acabose) .

Haciendo barcos en el río con palitos de madera:
-Mi barco se ha parado, ¡jooe!

Jugando a la Wii, la descubrieron poco antes de Navidad y aunque no pueden jugar a muchas cosas se lo pasan pipan conduciendo las motos, talando árboles, tirándose por el abismo, pelando cebollas...
-¡Joe! siempre gana Isabel.

Quemando nubes en la chimenea, como los exploradores:
-Papá no la quiero quemada, ¡joe!
 Definitivamente lo decimos mucho en casa, porque del colegio no se le ha podido pegar porque no aún no va.

Mi primera reacción fue la normal, como si un adulto lo dijera. A la segunda, me di cuenta de que era un niño y le dije que le iba a lavar la boca con jabón. A la tercera le dije que le volvería  lavar la boca con jabón. A la cuarta él solito se dio cuenta de lo que había dicho y se tapó la boca, con los ojos asombrados parecía decir "espero que no te hayas dado cuenta mamá."  Ahora cada vez que lo dice me dice, "no me laves la boca con jabón".







11 ene. 2012

Dietas


Ya lo tengo. Ya sé por qué las madres lo tenemos más difícil a la hora de hacer dieta.
Hubo un tiempo, antes de que naciera Jaime, en el que estuve delgada. Lo conseguí gracias a la fuerza de voluntad, a  los profesionales de la Clínica Mira + Cueto, ( lo tenéis todo en TELVA.com) y a que mis hijos eran muy muy pequeños y no comían deliciosos Donuts, Donetes, muffins... o cualquier derivado de la harina refinada con mantequilla y grasas.

Ellos van creciendo y aunque en casa no es habitual desayunar un donuts, si es cierto que de vez en cuando se los compro, sobre todo después de una visita al médico de esas complicaditas en las que cien enfermeras agarran sus bracitos para sacarles un poquito de sangre y que a una siempre le parece que le están sacando mogollón.

Hoy ha sido uno de esos días.  Alvarillo tenía que hacerse unos análisis, obvio en ayunas, y cuando hemos terminado le he prometido que le llevaba a desayunar a un "sitio de mayores" y además tomaría un Donuts.

Estábamos en Vips. Desayunando. Con el Donuts. Y yo lo quería. Me lo hubiera comido súper a gusto. Acompañándole. Pero no. Me he contenido. Se ha tomado su leche y ¡se ha dejado un cuarto del delicioso Donuts con fondant de chocolate!
A punto he estado, inconscientemente, de zampármelo de un bocado y chuparme los dedos como una niña.
¡Menos mal que tengo conciencia y ese puntito macabro que te dice "estás a dieta, tienes que perder ese cinturoncillo natural que te sale por encima de la cinturilla de la falda, no la cagues con ese delicioso cuarto de Donuts!"

Hoy he podido vencer al inconsciente. Pero hay veces que no. Sobre todo a la hora de la cena cuando se dejan un nugget de pollo, una par de cucharadas de puré, unos trocitos de tortillita... y por no tirarlo... acaban en mi estómago como si yo fuese una aspiradora.
Lo peor es que no me doy por cenada. Lo peor es que luego ceno tan ricamente con mi marido y no dejo ni una miga en el plato. Ahí está la clave. 
¿Lo veis? Las madres lo tenemos más difícil. Así que doble mérito.

Voilà, le kit


Éste es el kit que me faltaba.
Todo empezó el pasado mes de julio con una desternillante narración sobre la infección de piojos que mi sobrina Isabel había tenido los últimos días de colegio. Si, infección, porque hasta los ganglios los tenía inflamados.
En ese momento cuando mi prima me contaba compungida, pero con esa gracia que caracteriza a los gaditanos, el episodio piojil de su hija yo pensaba que ya, ya me tocaría dentro de 3 o 4 años.
Ahora la que cuenta compugida que su hija tiene piojos soy yo.

Creo que sé de dónde vienen y cómo se ha producido el traspaso de piojo de cabeza a  cabeza. Yo no me di cuenta hasta el día de año nuevo, cuando vi que Isabelilla se rascaba de una forma inusual. ¡Argg, piojos! pensé para mis adentros intentado creer que no podía ser cierto, que aún es demasiado pequeña para tenerlos.

Enseguida mandé a su padre a la farmacia a comprar ZZ y una lendrera fina, lo que en su día me recomendó mi prima.
Su padre vino con  otro producto, bastante caro, carísimo, a 36 euros. Y claro, le regañe. ¡Era ZZ, éste es una mierda ( con perdón) y no hace nada!  ( salió de  mi la vena histérica en su punto más álgido. NO PUEDO CON LOS PIOJOS)
Aun así lo hice, se lo puse y durante toda la semana de Año Nuevo he ido escrutando su cabecita y mirando pelo tras pelo si había liendres, piojos... Podría poneros ahora la foto de los monos despiojando a sus hijos. Así estaba yo. Y de hecho si alguna de vosotras se acerca a mi lado y se rasca un sólo pelo,  instintivamente miro.
 Antes de que terminara la semana (período de duración del tratamiento) Isabel estaba plagada, lo cual quiere decir que el caro, no hizo nada.  Recurrí a ZZ ( 2, 35 euros), despiojé a toda la familia, me too, y espero que hayan caído todos. De momento no nos hemos vuelto a rascar y tiene el pelo libre de cositas blancas.

A partir de ahora seguiré el post tratamiento/ prevención que me han recomendado mis amigas, también madres de familia, y más numerosa que la mía: vinagre. No sólo da brillo al pelo, también repele a estos amigos de los niños. Y lo mejor, ahora que me he puesto a régimen, pensaré que lo estoy haciendo genial porque mi casa entera olerá a ensalada.

10 ene. 2012

Días de fiesta



Han sido unos días de fiesta maravillosos. Desde el fin de año hasta el día de "novios" que nos dedicamos Álvaro y yo. No se puede poner ninguna pega. De hecho las vacaciones de Navidad son, para mi, siempre ideales.

No se puede elegir el mejor momento. Así que aquí os dejo la foto de mi ideal regalo de reyes.
Esta noche, cuando tenga más tiempo os enseño el último kit de emergencia de una madre de hoy.