12 dic. 2011

¡Menos mal que tengo una niña en casa!

Ya es oficial. La Navidad ha entrado por la puerta de casa y parece que se quedará hasta principios de Enero.

Acabamos de poner el árbol de Navidad y el Nacimiento.


El árbol ha quedado precioso. Lo han puesto los niños y se nota, todos los adornos están en la parte baja y apelotonados en un sólo lado, así que cuando lo he visto, disimuladamente he ido cambiando algunos adornos de sitio. Parece que no se han dado mucha cuenta.

Ésta preciosa tarea no ha estado exenta de  riñas y peleas por colocar determinados adornos, además, Isabel se ha quedado algo prendada de los corazones rojos y de las bolas con purpurina. Tanto que se quería ir a la cama con ellas y seguro, tengo- como muchas madres- la capacidad de ver el futuro, que mañana se querrá llevar algún adorno al colegio a modo de amuleto. Siempre se lleva algo, ¿le dará seguridad?


El Nacimiento lo he puesto yo. Porque como sabiamente le dice Isabelilla a sus hermanos, mientras mueve las dos manos explicando: el Belén no se toca porque las figuras son de barro y se pueden romper, ¿entendido?

¿Y papá? 

Lo hemos puesto a la hora de los deportes así que papá estaba sentado en el sillón, plácidamente, con su pipa en la mano, y Jaime a un lado con un trocito de pan. Los dos estaban absortos con las palabras de Mou explicando el inexplicable resultado del sábado.Muy fuerte que aún colee el resultado del clásico. ¿Qué haría yo si tuviera tres fieras, varones, en casa? Estaría perdida.

¡Menos mal que tengo una niña en casa!

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