27/12/2011

Juguetes

¡Feliz Navidad!
Qué emoción la noche del 24 y qué emoción aún más grande la mañana del 25.
"Tenemos que buscar los regalos, papá Noél seguro que ha llegado, tenemos que ir a la chimenea porque entra por ahí", le decía Isabelilla a su prima Mariolita. Todos estaban emocionados y ni se atrevían a ir corriendo al salón para comprobar los poderes mágicos del pobre anciano.
Se abrieron las puertas y la magia lo inundó todo. Gritos, emoción, exclamaciones;  ¡ésto no lo he pedido!, ¡ésto es lo que pedí!, ¡mira mamá, mira lo que me han traído, unas pistolas de vaquero!, ¡mira mamá, una casita para perritos!¡Una guitarra!
Toda la mañana jugando a manos llenas con los primos, con los hermanos, con los tíos. Jugaron en el salón, en la cocina y hasta en la Misa de Navidad. Llegaron a la noche muertos y todos, todos, durmieron al menos con tres de sus juguetes favoritos.
Ayer siguieron jugando, ya con menos cosas en las manos y algo más constantes: cogieron un juguete y jugaron un buen rato. Cuando se cansaron lo dejaron tirado en un rincón y fueron a por otro.
El descubrimiento de la tarde fue el helicóptero de papá. Cuando Jaime lo vio volando la emoción se volvió a dibujar en su rostro y con su "mini-índice" lo señalaba gritando de alegría. Isabel corría persiguiendo el vuelto del aparato y Álvaro saltaba sobre el sofá excitadísimo. Papá parecía un  niño con zapatos nuevos y aunque aún le falta un poco para volarlo con máxima destreza... sabemos que lo conseguirá.

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