22 dic. 2011

Barquitos

Antes de tener hijos nunca entendí por qué las madres siempre tienen al menos dos vasos de agua en su comida, el por qué les gusta la mermelada de naranja amarga o se pasan el día apartando el pelo de la cara a las niñas.
Ahora que soy madre entiendo muchas cosas de madre, salvo que les guste la mermelada de naranja amarga.
Lo del pelo es sencillo, no es porque se vayan a quedar ciegas, no. Es porque las niñas están más guapas con la mirada despejada.
Lo del agua... lo entendí hace dos días:

Estaba cenando y sólo tenía un vaso de agua. Jaime no podía dormirse así que andaba como un perrillo vagabundo merodenado mi cena.
Le di un trozo de pan para que se contentara. En un momento quiso beber agua y estuvo jugando con mi vaso un rato.
Cuando fui a beber... ¡había barquitos! ¡Argg!
Se me había olvidado, es más, pensé que nadie en el mundo podía hacer barquitos ya, que estaban prohibidos o que si te pillaban con ellos en el vaso te ibas a la cárcel o  a un correccional, o algo por el estilo. (Ninguno de sus hermanos ha hecho barquitos en mi vaso NUN-CA).
Así que le hice una foto al vaso para enseñaros la prueba del delito.
Al final me pareció más ideal poner ésta metáfora que me ha hecho mi amiga Beth Fevrier.
A lo que iba, ahora entiendo el asunto de los dos vasos de las madres.

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