30 dic. 2011

En busca del regalo perdido

Álvaro, querido, si me estás leyendo deja de hacerlo.
Para los que me conoceis poco he de deciros que soy bastante optimista, con mucha capacidad de disfrutar de las cosas y además con mucha ilusión. En eso creo que mis hijos se parecen a mi. :)
 Además creo en el poder sobrenatural del  Niño Jesús y en la magia de los Reyes Magos. Y todo lo hago compatible con la llegada de Papá Noél, que deja regalos a los niños buenos que se lo piden.

También soy de las que cree que hay metas imposibles que al final se alcanzan y creo que la satisfación personal de alcanzar lo que uno cree imposible es inmensa.
Por eso, hoy ando un poco consternada porque ni los Reyes, ni el Niño, ni mi pericia buscadora ha sido capaz de encontrar lo que andaba buscando...


Sigo buscando el regalo perfecto y lo mejor, tengo que ir en busca de un nuevo regalo para Isabel.
Ayer cuando nos fuimos a dormir Isabel me recitó su lista de regalos para los Reyes: dos caballitos, uno sentado y otro de pie. Unos cacharritos y un cuadro para pintar con pinceles.  ¿Y no habías pedido una alfombra para pintar en el suelo? ¡No, mamá! Un cuadro, para pintar con pinceles, como el tío Íñigo, pero los Reyes ya lo saben. 
Nosotros, como pajes reales le habíamos encargado una alfombra para pintar en el suelo. ¡Menuda equivocación!  Y para colmo a Isabelilla no hay manera de engañarla o hacerle cambiar de opinión.
 Así que allá voy.

29 dic. 2011

27 dic. 2011

Juguetes

¡Feliz Navidad!
Qué emoción la noche del 24 y qué emoción aún más grande la mañana del 25.
"Tenemos que buscar los regalos, papá Noél seguro que ha llegado, tenemos que ir a la chimenea porque entra por ahí", le decía Isabelilla a su prima Mariolita. Todos estaban emocionados y ni se atrevían a ir corriendo al salón para comprobar los poderes mágicos del pobre anciano.
Se abrieron las puertas y la magia lo inundó todo. Gritos, emoción, exclamaciones;  ¡ésto no lo he pedido!, ¡ésto es lo que pedí!, ¡mira mamá, mira lo que me han traído, unas pistolas de vaquero!, ¡mira mamá, una casita para perritos!¡Una guitarra!
Toda la mañana jugando a manos llenas con los primos, con los hermanos, con los tíos. Jugaron en el salón, en la cocina y hasta en la Misa de Navidad. Llegaron a la noche muertos y todos, todos, durmieron al menos con tres de sus juguetes favoritos.
Ayer siguieron jugando, ya con menos cosas en las manos y algo más constantes: cogieron un juguete y jugaron un buen rato. Cuando se cansaron lo dejaron tirado en un rincón y fueron a por otro.
El descubrimiento de la tarde fue el helicóptero de papá. Cuando Jaime lo vio volando la emoción se volvió a dibujar en su rostro y con su "mini-índice" lo señalaba gritando de alegría. Isabel corría persiguiendo el vuelto del aparato y Álvaro saltaba sobre el sofá excitadísimo. Papá parecía un  niño con zapatos nuevos y aunque aún le falta un poco para volarlo con máxima destreza... sabemos que lo conseguirá.

22 dic. 2011

Barquitos

Antes de tener hijos nunca entendí por qué las madres siempre tienen al menos dos vasos de agua en su comida, el por qué les gusta la mermelada de naranja amarga o se pasan el día apartando el pelo de la cara a las niñas.
Ahora que soy madre entiendo muchas cosas de madre, salvo que les guste la mermelada de naranja amarga.
Lo del pelo es sencillo, no es porque se vayan a quedar ciegas, no. Es porque las niñas están más guapas con la mirada despejada.
Lo del agua... lo entendí hace dos días:

Estaba cenando y sólo tenía un vaso de agua. Jaime no podía dormirse así que andaba como un perrillo vagabundo merodenado mi cena.
Le di un trozo de pan para que se contentara. En un momento quiso beber agua y estuvo jugando con mi vaso un rato.
Cuando fui a beber... ¡había barquitos! ¡Argg!
Se me había olvidado, es más, pensé que nadie en el mundo podía hacer barquitos ya, que estaban prohibidos o que si te pillaban con ellos en el vaso te ibas a la cárcel o  a un correccional, o algo por el estilo. (Ninguno de sus hermanos ha hecho barquitos en mi vaso NUN-CA).
Así que le hice una foto al vaso para enseñaros la prueba del delito.
Al final me pareció más ideal poner ésta metáfora que me ha hecho mi amiga Beth Fevrier.
A lo que iba, ahora entiendo el asunto de los dos vasos de las madres.

21 dic. 2011

Amor de madre


Hoy ha sido la fiesta de Navidad en el colegio. Ángeles, estrellas, nubes, pastores, pastoras ( aquí una foto de la mía), leñadores, un árbol de Navidad y hasta el portalico de Belén con María, José y el niño.
Todos los padres estábamos deseosos de ver a nuestros pequeños artistas. Los hermanos pequeños de ver a sus hermanos mayores y las profesoras deseosas de que todo saliera bien.  Y así ha sido.
Yo, como cada año, me emociono con estas cosas, lo sé, soy una blanda y una sentimental, y alguna lagrimilla traviesa se ha intentado escapar de mis ojos, claro que ésta vez estaba difícil porque me tenía que ocupar de Alvarillo, que estaba de lo más exicitado y ñoño, tan pronto felíz, tan pronto desgraciadísimo.
No os pongo el vídeo para no aburriros pero tengo que confesaros que Isabelilla lo ha hecho fenomenal y era las pastorcilla más guapa de todas. ( Amor de madre)

18 dic. 2011

¡A la cama!

Hay muchos buenos momentos a los largo del día. Uno de ellos es el de ir a la cama. Cuando son los niños los que se van, porque así su padre y yo descansamos un rato y nos relajamos viendo alguna película sin sentido o algún documental extraño de los que le gustan a su padre, de esos de los que yo reniego hasta que los veo.

Cuando soy yo la que me voy, porque caigo como un saco de piedras sobre mi  colchón y duermo profundamente hasta que Jaime me despierta. ¡Menudo placer!

Hay días en los que este ritual se retrasa porque los niños están algo excitados o porque yo no tengo ganas de andar amenazando para que lo hagan.

En estos días previos a Navidad tengo la herramienta perfecta: voy a llamar a Papá Noel.  Muy seria agarro mi móvil, marco un número y me pongo a hablar en inglés. Los niños se ponen nerviosos y empiezan a hacer todo lo que no habían hecho antes. De momento está funcionando a la perfección. Espero que la llamada a los Reyes Magos funcione igual de bien.

17 dic. 2011

Tiritas


No sé en vuestras  casas pero en la nuestra el mando de la tele tiene una tirita.
El mando siempre lo tiene papá y cuando él no está, lo tiene alguno de los pequeños. A Jaime le priva y se enfada muchísimo si sus hermanos se lo quitan de las manos.

En casa de mis padres ocurre exactamente lo mismo, los cinco mandos que están siempre sobre la mesa, de los cuales sólo uno es el que todos quieren, ¡los cinco tienen tiritas!

En casa de mis amigas, sobre todo las que tienen niños, también tienen el mismo apaño detrás de los botones del mando.

En realidad es cinta adhesiva, pero a los niños les digo que es una tirita porque de tanto usarlo, tirarlo al suelo, morderlo y chuparlo el mando está malito y necesita una tirita, como cuando te caes al suelo y te haces una herida. Y cuela, después de la aplicación de la tirita, parece que lo tratan con más cuidado, aunque a los dos días se les olvida.

Mis hijos, sobre todo Isabel, se pirran por las tiritas y cualquier excusa es buena para ponerse alguna. Al principio se conformaba con las tiritas sencillas, color nude que en casa llamamos tiritas de mayores, pero un día entraron en casa las de cars, las de pricesas y las de Hello Kitty y desde entonces sólo quiere esas.
No es que yo las comprara, ¡qué va! Me tocaron en un reparto de la oficina y cometí el error de llevarlas.

El primer paquete de Princesas duró menos de una tarde. El día que se hizo una herida de verdad y necesitamos poner una tirita en la pierna le prometí que sería de princesas, como ya no había en casa, tuve que ir a comprarla a la farmacia.  Con la niña llorando, como si de la pierna se le saliera la vida, y coja, cojísima, llegué a la farmacia, las compré, se la puse, se calmó y el camino de regreso a casa lo hizo menos coja. ¡Maravilloso placebo!

Desde entonces intento que en casa sólo haya tiritas de mayores, que salen más baratas  porque el paquete me dura meses.

Ahora cuando se hacen una herida les pongo crema mágica, les doy un beso y les abrazo un rato. ¡Creo que es mejor que una tirita!

Mis caprichos de cocina

Lo reconozco en el fondo soy un poco como Bree, de Mujeres Desesperadas, me encanta hornear magdalenas, palmeras de hojaldre, bizcochos, galletas...


Recuerdos del verano

Cochecitos.
En las fiestas de Artá, Mallorca. 15 minutos esperando, sus caras llenas de emoción y al gitano de los cochecitos se le estropeó el generador. Aún así, lo pasaron bien. Nada como ser niños.

13 dic. 2011

El botón del ascensor

Hoy es uno de esos días... si se pudiera dimitiría.
Jaime, fiel a sí mismo, se ha levantado a las diez horas de acostarse, esto es a las 6.55 de la mañana. Fiel a sí mismo, llorando a pleno pulmón, despertando a toda la familia y probablemente a mis vecinos.

Media hora después nos hemos levantado, desayunado, vestido y cómo no... Isabelilla se ha llevado la palma. Ahí va:

Me retrasado algo en mi rutina diaria y he salido con prisas del baño, que malas son las prisas.

Isabelilla ya estaba lista pero no sé qué estaban poniendo en su canal favorito, creo que el de toda la población infantil de España, que estaba absorta en los dibujos y no ha respondido a la primera a mi llamada: Isabel, nos vamos, tampoco lo ha hecho a la segunda, ni a la tercera. Así que me he despedido de Alvarillo, me ha dado el abrazo de todos los días y me ha dicho su clásico te voy a echar mucho de menos, mamá.

He abierto la puerta, he llamado al ascensor y me he metido.


Isabel seguía con los dibujos.

He asomado la cabeza y la he llamado, por cuarta vez, o quinta. Cuando por fin se ha despegado de la televisión y ha entrado en el ascensor. Le doy al botón 0 y ¡se pone a llorar!  Ay, que mal empezamos...

Ha seguido llorando al menos durante un eterno minuto en lo alto de la escalera del jardín, sin querer bajar. Se han sucedido amenazas desde el final de la escalera, ¡baja!, 'he dicho que bajes, como me hagas subir te llevas un azote.  Mi paciencia para la lucha a las 8.35 de la mañana, cuando llegas tarde al cole, es nula, así que he subido las escaleras y le he dado un azote.

Hemos bajado todas las escaleras del parking llorando, hemos seguido llorando durante el trayecto al colegio y hasta que no ha entrado en clase no ha dejado de llorar. ¡Y todo porque no le ha dado al botón del ascensor!

El día en la oficina no ha sido precisamente relajado, ni siquiera he salido a comer y, del barullo mental que he tenido, me he olvidado de ir a comer a casa de una amiga, así que fatal.

Sales de la oficina pensado que vas a llegar a casa, abrazar a los niños y jugar con ellos un rato... ¿Qué te encuentras cuando llegas? Que efectivamente están tus niños deseando verte. Y a los tres minutos de llegar- no es broma- uno por uno y en orden se ponen a llorar. Que lo haga Jaime, que tiene un año y lo único que quiere es estar en brazos de su madre de pie ( si me siento, llora), es normal.
Que lo haga Alvarillo que está flojo porque sigue con su otitis, vale.
Pero que lo haga Isabelilla después de la panzada a llorar de esta mañana... ¡Se ha llevado un castigo!

Menos mal que la música amansa a las fieras, a mi también, así que he puesto los maravillosos villancicos de Mercedes González Fontán ( una cantaautora amiga de mi hermana) y todo se ha pasado; llantos, peleas, mal humor...
Después de este rato de risas, juegos y bailes se agradece llegar a casa y las ganas de dimitir desaparecen.

Si lo pienso bien, dar al botón del ascensor es de las cosas más divertidas y que "más mayor" les hace sentir a los niños. Mañana esperaré a que ella de al cero.

12 dic. 2011

¡Menos mal que tengo una niña en casa!

Ya es oficial. La Navidad ha entrado por la puerta de casa y parece que se quedará hasta principios de Enero.

Acabamos de poner el árbol de Navidad y el Nacimiento.


El árbol ha quedado precioso. Lo han puesto los niños y se nota, todos los adornos están en la parte baja y apelotonados en un sólo lado, así que cuando lo he visto, disimuladamente he ido cambiando algunos adornos de sitio. Parece que no se han dado mucha cuenta.

Ésta preciosa tarea no ha estado exenta de  riñas y peleas por colocar determinados adornos, además, Isabel se ha quedado algo prendada de los corazones rojos y de las bolas con purpurina. Tanto que se quería ir a la cama con ellas y seguro, tengo- como muchas madres- la capacidad de ver el futuro, que mañana se querrá llevar algún adorno al colegio a modo de amuleto. Siempre se lleva algo, ¿le dará seguridad?


El Nacimiento lo he puesto yo. Porque como sabiamente le dice Isabelilla a sus hermanos, mientras mueve las dos manos explicando: el Belén no se toca porque las figuras son de barro y se pueden romper, ¿entendido?

¿Y papá? 

Lo hemos puesto a la hora de los deportes así que papá estaba sentado en el sillón, plácidamente, con su pipa en la mano, y Jaime a un lado con un trocito de pan. Los dos estaban absortos con las palabras de Mou explicando el inexplicable resultado del sábado.Muy fuerte que aún colee el resultado del clásico. ¿Qué haría yo si tuviera tres fieras, varones, en casa? Estaría perdida.

¡Menos mal que tengo una niña en casa!

11 dic. 2011

¡El árbol, el Belén!


Este puente hemos estado en Robledo, nuestra casa en mitad de la montaña madrileña. Hemos decorado la casa para celebrar la Navidad. ¡Ay que ganas!
Todos han colaborado con la decoración navideña. Unos poniendo adornos. El pequeño Jaime quitándolos.  Son bonitos, ¿verdad?

En cuanto tenga decorada la casa de Madrid, os la enseñaré. Ésta la decoraremos entre todos, supongo, aunque el Belén es cosa mía.

Plan Pre- Navidad


Justo antes del puente de la Inmaculada decidimos hacer un plan pre- Navidad. Nos levantamos temprano, como de costumbre, y llevamos a los dos mayores al teatro. 
Para todos un planazo. Dejar el coche aparcado, disfrutar del tranporte público, ver una obra de teatro de niños, volver a casa, comer, dormir la siesta y regresar al centro, esta vez con el pequeño Jaime, y mucho amigos para ver las luces tan bonitas que decoran la ciudad.

Y digo yo, así visto así, parece un plan romántico de familia perfecta que disfruta unida haciendo miles de planes con los niños.  Y sólo lo digo, porque hacerlo es ¡una locura!

¡Niños hoy nos vamos al teatro! Los gritos de alegría y el ¡vamos mamá! se oían por todo el vecindario. 

Al final salimos algo más tarde de lo previsto, así que empezamos mal. Carreras hasta el metro, niños que no quieren correr, mamá y papá cargan con ellos en brazos para que no se cansen con las prisas y la monten antes de llegar.
 
Llegamos al teatro. Alucinan con los personajes, las canciones... Mamá y papá se aburren. La obra bien es sólo para niños.

Salimos del teatro, esta vez volvemos en autobús. Al principio el viaje va sobre ruedas pero a los diez minutos, Álvaro empieza a levantarse, ir de un lado a otro como un mono.
El autobús se empieza a llenar y un par de señoras le quitan el sitio. Al principio se calma, se sienta en mi rodillas, a los dos minutos se cansa y comienza a saltar. ¡Qué revoltoso!, dice una señora muy educada. Mientras, para mis adentros pienso que mi hijo es un plasta y es el típico niño maleducado.  En realidad no lo es, pero cuando está excitado lo parece y una madre siempre intenta justificarlo. A la señora educada le digo con una sonrisa que está amocionado porque nunca va en autobús, una mentira piadosa la entiende cualquiera.
Como veo que la conversación de las señoras va enfocada al comportamiento de sus nietos, de la misma edad que mi hijo, capto las indirectas enseguida, comienzo a amenazar a Alvaro con castigos, sin premios, con la policía ( le tiene mucho miedo al cuerpo de policías) y finalmente, desesperada, le advierto del daño que se puede hacer si sigue pegando botes y el autobús frena, nos tendremos que ir al médico y te van a tener que pinchar. En cualquier otra situación ésta amenaza es crucial. En el autobús no.

Salimos del autobús y la excitación se convierte en cansancio y hambre, es decir, en perra tras perra hasta llegar a casa.
Un infierno.

Por la tarde salimos a ver las luces con muchos amigos. Álvaro como loco, Isabel ideal, Jaime dormido en su carro. Parecíamos una excursión de colegio, o peor aún, La Gran familia. En cualquier momento alguno de los 11 niños que llevábamos se podía convertir en el adorable Chencho. Todas las papeletas las tenía Álvaro. Pues se salvó.  A la que perdimos fue a Isabel. En el carrusel de caballitos/ Belén de Serrano.
¡Qué agobio!  El paraiso de los niños, el infierno de los padres.

Moraleja, los planes con niños están bien, pero o esperamos a que crezcan o pagamos a sus tías solteras para que los hagan con ellas. A mi y a mi marido se nos tiene que olvidar este plan pre- Navidad antes de repetir odisea.

Un globo



Hace unos días tuve la posibilidad de hacer un viaje especial. Volar en globo por Madrid, de la mano del agua más pura de todas las aguas minerales, NUMEN. Si aún no la conocéis... acabaréis conociéndola. Fue espectacular.

Si no lo habéis hecho nunca es una experiencia que merece la pena. Es un vuelo suave, te sientes como una pequeña ninfa que revolotea curiosa por encima de todas las casitas de muñecas que bajo los pies están ajenas a esa agradable sensación.

Cuando llegué a casa les conté mi viaje a los niños. A-lu-ci-na-ron. ¡También queremos un globo! Como la cosa está como está, no para grandes dispendios, les compramos unos globos y tan contentos.  Y digo yo, si quieres ver a un niño feliz, regálale un globo. El mejor momento, la despedida, cuando antes de ir a la cama los sueltan para verlos volar.
Aquí os dejo mi particular vista del viaje. Espero que algún día pueda volar con ellos en un globo de verdad.

5 dic. 2011

Malitos


Tengo a dos malitos. No es nada grave, pero nos está costando mucho sacarles el virus de dentro. Muchas horas sin dormir, muchos llantos al poner el suero fisiológico -prácticamente el mejor amigo de una madre en el primer año de vida y siguientes-, muchas negociaciones para hacer tomar el Dalsy o el Apiretal, según qué enfermo toque, y varios termómetros digitales que no son precisamente precisos. ¿Por qué cuando vas a urgencias les ponen uno de mercurio? ¿ No estaban prohibidos? ¡Yo quiero uno!

Como dice mi suegra, la medicina moderna os ha hecho la pascua con no poder darles  la Aspirinita infantil, antes todas las enfermedades las arreglábamos con media Aspirinita. Pues sí, en esta ocasión a mi suegra le doy toda la razón. 

Y lo peor no es que ya no podamos darles la famosa pastillita rosa, lo peor es lo ñoños que se quedan después de unos días con fiebre. Si alguna de vosotras me llega a pillar en pleno ataque de yanopuedomásdeniñosyllantos, se los hubiera regalado hasta con el consentimiento de mi marido, que a paciencia no le gana nadie y está llegando a desbordar su límite.

2 dic. 2011

Fiestas, Parties...


Hoy he tenido mi primer acto social de cuatro años. He de reconocer que iba encantada, con mi Blancanieves de la mano, pensando que depositaría a la princesa en su fiesta  y me iría tan contenta a dormir una pequeña siesta. Ilusa...

Hemos llegado las últimas y creo que esta estrategia a esta edad no es buena.  Veinte niños gritando, a su bola, en un salón mal insonorizado... La llegada asusta. Así que cuando le he dado un beso de despedida se ha puesto a llorar ... Malo...

Malo porque me he quedado. Malo porque  me he quedado sin siesta,  a ella se le hubiera pasado la llantina en un tris y yo me hubiera ido a dormir. Malo porque  me he quedado colgada, efectivamente se le ha pasado y yo no conocía a ninguna de las otras tres madres que estaban allí. Malo porque he pasado la hora y media más larga de mi vida en un cumpleaños sin amigas. Sin mis amigas.
No es que yo sea especial, ni antisocial, pero a estas alturas de mi vida, en un día como hoy ( muero por un rato de tranquilidad) en el que no puedo decir que haya estado en modo voyasersúpersimpatica, la verdad es que aún no sé cómo he de moverme en estos actos sociales tan peculiares. Creo que nunca he sabido ser lareinadelafiesta.

Reconozco que la celebración me ha encantado, total vintage, como las de antes con sus  tranchetes, sus patatas, sus sandwiches de nocilla, su payaso, sus chuches. Algo que ya casi no se lleva gracias a la infinidad de sitios de bolas, librerías con encanto, ludotecas... que prestan estos servicios y arruinan a los padres que se ven obligados a invitar a toda la clase. 

Otra cosa que tampoco entiendo, ¿cómo puede una niña de cuatro años ser amiga de toda su clase si casi no se sabe los nombres de sus compañeros?  Y peor aún, ¿por qué sus padres los invitan a todos? Si ahora tiene 20 amigos, cuando entre en las redes sociales ¡no me lo quiero ni imaginar!


Lo reconozco, me cuesta conciliar

Recuperar el tiempo perdido... Víspera de puente. Viaje en tren a la vista. ¡Por fin una hora de soledad! Tengo que salir media hora antes para llegar a tiempo a la estación. Además, hoy tengo que ir a la reunión del cole a media mañana, ¿quién pone los horarios de estas reuniones?

Me tengo que escapar 45 minutos de la oficina. Y tendré que salir 30 minutos antes.
Soy consciente de que tengo que recuperar el tiempo perdido. Pero ¿cuándo?
En alguna ocasión os he contado que sólo tengo 15 minutos para salir corriendo de casa- al-cole- cole- trabajo-trabajo- cole-casa... ¡Necesito otro "yo"! 
También suele pasar que...  después de haber luchado con los niños en el "mejor momento del día"( baño, cena y acostada), acabo viendo una película de adultos,( un día la tele se funde de tanto poner el mismo canal:Clan TV) , y se me pasa la feliz idea de utilizar mi móvil inteligente ( no tengo el guay) para ver algo, no sé... una tienda de ropa de niños, un blog que me interesa, una casa maravillosa en la costa de Mallorca, un juego de tazas de Té inspiradoras, leer lo último publicado por alguna asociación de padres de niños con problemas...
A la velocidad del rayo anoto mis ideas e inspiraciones en el post it virtual de mi teléfono inteligente, y cuando ya estoy a punto de acabar oigo el típico ¡quiero agua, mamáaaaaaaaa! No soy de las que hace caso a la primera, con la esperanza de que se cansen y a mi me de tiempo a seguir descubriendo cosas maravillosas. Tampoco a la segunda. A la tercera mi marido para la peli. Se levanta a la cocina y llena un vaso de agua, lo lleva al sediento. Se sienta y dice, muy serio y sin levantar la mirada: parece que tienes 15 años, todo el día pegada al móvil. Si tu excusa es que es trabajo: ya te vale. Me da palo reconocer que me encanta mi trabajo.
¿A alguien le pasa lo mismo?

Picnic


Picnic!!